reportajesEl cientista político español Daniel Eskibel realizó un análisis sobre la situación de los partidos políticos y sus posibilidades de que cometan errores.

Señala, por ejemplo, la necesidad de cambiar la lógica de lectura de los ambientes políticos, considerando lo acontecido el año pasado, especialmente con la derrota de muchos que parecían ganadores: Hillary Clinton frente a Donald Trump; los europeístas frente al Brexit en Gran Bretaña; el presidente de Colombia frente al plebiscito para el plan de paz con las FARC, por mencionar algunos.

“Las derrotas electorales no surgen de la nada por generación espontánea. Las derrotas se construyen con paciencia y esmero durante largo tiempo. Y la campaña electoral solo permite cosechar lo gestado por lo menos 2 o 3 años antes. 2017 traerá nuevas derrotas”, adelanta Eskibel en su blog de sicología política maquiaveloyfreud.com.

He aquí algunos de los errores, dice el experto, con que los partidos políticos construirán nuevas derrotas:

- No confiarán en estudios cuantitativos y cualitativos.

- No entender cómo piensan los electores.

- Tendrán una estrategia sin documentar por escrito, es decir, no basada en un relato.

- Vivirán obsesionados con la coyuntura, con la táctica, con los títulos del diario.

- Se centrarán en atacar el rival, a construir un enemigo, en vez de enfocarse en sus propias propuestas y en las soluciones a los problemas de las personas.

- Sacrificarán su estrategia de largo plazo en aras de lograr aparentes beneficios tácticos inmediatos (dice Eskibel).

- Mantendrán una imagen distorsionada de sí mismos, pensando que son solo partidos y no se entenderán como productores de contenidos políticos.

- Se centrarán en las elecciones y no en un proyecto de futuro.

La primera semana de Donald Trump en el rol de POTUS (sigla coloquial con que se conoce al President Of The United States), demostró que las exageraciones de la campaña eran verdad. Que toda la retórica era cierta y parte de una profunda convicción medieval, fanática y ultranacionalista, pero también profundamente capitalista.

En una semana, Trump:

- Eliminó el Obamacare, un sistema de salud básico financiado solidariamente que permitió por primera vez a millones de estadounidenses tener acceso a la salud sin tener que pagar a los prohibitivos seguros privados.

- Sacó a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico, a pesar de que estaba hecho a la medida de su país y, al ausentarse, deja la puerta abierta a China para asumir un rol más protagónico en el Asia Pacífico.

- Dejó en vilo la sobrevivencia del NAFTA (del que también forma parte Chile).

- Prohibió a las agencias científicas acercarse a la prensa sin permiso de la Casa Blanca. Eso incluye a la NASA y la agencia de protección ambiental, que investigaba los efectos del cambio climático.

- Terminó con la versión en español de la Casa Blanca.

- Inventó, a través de su jefa de prensa, la mentira política y se la bautizó como “verdad alternativa”.

- Reactivó varios proyectos de oleoductos que estaban paralizados por evidenciar potenciales daños al medio ambiente.

El columnista de ElEspañol.com, Enrique Dans, lo manifiesta de manera clara: “Si como candidato le parecía un imbécil peligroso, piénselo de nuevo. Como presidente ya hemos comprobado que no solo lo parecía”.